Hay un mensaje que se ha vuelto tan común que casi todos lo hemos recibido ya:
«Hola mamá, se me ha roto el móvil. Este es mi número nuevo.»
Lo lees, se te encoge un poco el estómago y contestas. Y justo ahí, sin darte cuenta, acaba de empezar una estafa.
En este episodio te cuento las trampas que más están llegando ahora por WhatsApp y por SMS, cómo reconocerlas, cómo protegerte en dos minutos y qué hacer si ya has picado. Porque picar le puede pasar a cualquiera. Y cuando digo cualquiera, digo cualquiera.
1. El hijo que se ha quedado sin móvil
Llega un mensaje de un número que no conoces. Dice ser tu hijo o tu hija. Que se le ha roto el teléfono y que le guardes el número nuevo.
A los pocos minutos viene lo de verdad: necesita hacer un pago urgente, no puede entrar en su banco, que si por favor le haces tú una transferencia o un Bizum. Que ya te lo devuelve mañana.
Fíjate bien en lo que está haciendo esa persona. No está atacando tu móvil, está atacando tus nervios. Te mete prisa, te da miedo y no te deja pensar. Eso es lo único que necesita.
Y la solución es de las más sencillas que te voy a contar nunca:
No contestes al mensaje. Llama tú. Al número de siempre, el que tienes guardado de toda la vida.
Si te dicen que ese número ya no funciona, mejor todavía: llama a su pareja, a un hermano, a un amigo. Treinta segundos de llamada te ahorran un disgusto muy grande.
Y una cosa sobre el Bizum, que es importante: el Bizum es como dar dinero en mano. Es inmediato, y una vez que sale, recuperarlo es muy difícil. No es como una compra con tarjeta, donde hay más margen para reclamar. Así que cuando alguien te mete prisa y encima te pide justo un Bizum, ahí tienes dos señales, no una.
Un detalle que suele delatarlos: los mensajes vienen con faltas, sin tildes o con expresiones que tu hijo no usaría jamás. No siempre, pero pasa mucho.
2. El paquete que está «retenido»
Te llega un SMS diciendo que tienes un paquete parado en la aduana, o que la dirección está incompleta. Y que hay que pagar una tasa pequeña para que te lo entreguen: 1,99 €, 2,50 €, una tontería.
Ahí está el truco. Es tan poco dinero que no te paras a pensarlo. Pinchas el enlace, ves una página igualita a la de Correos —con sus colores y su logotipo— y metes la tarjeta.
Pero tú no estás pagando dos euros. Les estás dando tu tarjeta entera. Y luego pasa una de dos cosas: o te empiezan a cobrar cuotas mensuales que estaban escondidas en la letra pequeña, o directamente te vacían la cuenta.
Hay un detalle que casi nadie mira y que lo delata todo: la dirección de la página. La web de verdad de Correos termina en correos.es, y ya está. Si ves cosas pegadas delante o detrás —guiones, números, palabras raras, un .com donde debería haber un .es— eso no es Correos.
Y ojo, que el candadito de «web segura» no significa nada aquí: los estafadores también lo tienen. Solo dice que la conexión va cifrada, no que la gente del otro lado sea honrada.
Pero te doy una regla todavía más fácil, para no tener que mirar nada:
Nunca entres desde el enlace del mensaje. Si esperas un paquete, abre tú la aplicación o escribe tú la dirección. Si el paquete existe, ahí estará. Y si no aparece, es que no existía.
Y de esta familia hay muchas más, todas iguales por dentro: la multa de la DGT que hay que pagar hoy, la devolución de Hacienda que te está esperando, la factura de la luz que ha salido mal, el premio de un sorteo en el que no te has apuntado. Cambia el disfraz, pero el truco es siempre el mismo: un enlace, una pantalla que imita a una oficial, y tus datos.
3. La llamada del banco que no es tu banco
Te llaman, muy amables. Que son del departamento de seguridad de tu banco, que han detectado un movimiento raro y que hay que bloquearlo ya, ahora mismo.
Y entonces te piden una de estas dos cosas: que instales una aplicación para que ellos vean tu pantalla y «te ayuden», o que les leas un código que te acaba de llegar por mensaje.
Esto es lo más importante de todo el episodio:
Tu banco no te va a pedir nunca ver tu pantalla. Ni tus claves. Ni un código de los que llegan por mensaje. Nunca.
Y otra cosa que también engaña: el número que te sale en la pantalla del móvil se puede falsear. Aunque veas el nombre de tu banco ahí puesto, eso no demuestra nada.
Si te llaman así, cuelga. Sin dar explicaciones y sin sentirte mal por parecer borde. Cuelgas y llamas tú al teléfono que viene detrás de tu tarjeta. Si era tu banco de verdad, no pasa absolutamente nada. Y si no lo era, acabas de salvar tus ahorros.
4. El código de seis cifras
Este merece punto aparte, porque es el origen de buena parte de los robos de cuentas de WhatsApp.
Funciona así: alguien te escribe (a veces desde la cuenta de un amigo al que ya le han robado el WhatsApp) diciendo que se ha equivocado y te ha llegado un código suyo por error, que si se lo pasas. O que es del soporte técnico. O que es un sorteo.
Ese código es la llave de tu casa. Y a nadie se le ocurre darle la llave de su casa a alguien que le escribe por el móvil, por muy educado que sea. Si lo das, pierdes tu WhatsApp. Y con tu WhatsApp, empiezan a pedirle dinero a toda tu agenda haciéndose pasar por ti.
A nadie. Nunca. Ni aunque parezca tu amigo, porque a lo mejor ya no es tu amigo quien escribe.
5. La voz imitada (esta es nueva)
Hoy, con muy poquito audio de una persona —unos pocos segundos— se puede imitar su voz con inteligencia artificial. Y lo sacan de donde sea: de un vídeo que subiste, de un audio que se reenvió por ahí.
Así que ya no vale del todo aquello de «yo reconozco a mi hijo por la voz». Ya no.
Pero hay una forma de arreglarlo, y me gusta mucho porque no depende de la tecnología, depende de vosotros:
Poneos una palabra en casa. Una palabra tonta, que no venga a cuento: el nombre del primer perro, un pueblo, lo que sea. Y el trato es este: si alguien de la familia llama pidiendo dinero con prisa, se le pregunta por la palabra.
Una máquina que imita voces no tiene ni idea de vuestras cosas. Tu hijo, sí.
Lo que une a todas: la prisa
Si te fijas, todas estas estafas se parecen en algo. Todas tienen prisa.
El paquete se devuelve hoy. La cuenta se bloquea en diez minutos. La multa vence esta tarde. Tu hijo lo necesita ahora.
Y no es casualidad, es a propósito. Porque una persona tranquila no pica casi nunca. La que pica es la persona asustada.
Quédate con esto, aunque se te olvide todo lo demás:
Cuando un mensaje te meta prisa, esa prisa es la señal. Para. Respira. Y comprueba por tu cuenta: cuelga y llama tú, cierra el mensaje y entra tú. Las cosas de verdad aguantan cinco minutos. Las estafas, no.
Ponle el cerrojo a tu WhatsApp (dos minutos)
Vamos a hacer algo práctico que te va a dejar mucho más tranquilo. Se llama verificación en dos pasos. Suena a mucho, pero es simplemente un número secreto de seis cifras que te inventas tú. Sirve para que, aunque alguien consiga el código que te llega por mensaje, no pueda entrar en tu cuenta, porque le faltará tu número secreto.
Se hace así, igual en móvil Android que en iPhone:
- Abre WhatsApp
- Entra en Ajustes
- Luego en Cuenta
- Pulsa en Verificación en dos pasos
- Dale a Activar
- Escribe un número de seis cifras que te sepas, pero que no sea tu fecha de nacimiento ni
123456 - Cuando te pida un correo electrónico, pónselo: eso es lo que te salvará si algún día se te olvida el número
Ya está. Eso es todo. Si haces solo una cosa de este episodio, que sea esta.
¿Y si ya he picado?
Lo primero, y va en serio: no te machaques. Esto le pasa a gente joven, a gente lista y a gente que trabaja con ordenadores todo el día. No es que seas torpe. Es que esto está muy bien hecho, y está pensado por gente que se dedica a esto.
Y ahora, por orden:
- Llama a tu banco enseguida y bloquea la tarjeta. Cuanto antes llames, más fácil es parar el dinero.
- Haz capturas de pantalla del mensaje antes de borrar nada. Y no borres el mensaje aunque te dé rabia verlo: eso es la prueba.
- Denuncia en la Policía Nacional o en la Guardia Civil. Aunque pienses que no va a servir de nada, hazlo. Muchas veces el banco te lo pide para devolverte el dinero.
- Si te han robado el WhatsApp, reinstálalo con tu número de siempre: eso desconecta al intruso. Y avisa a tus contactos por otro medio para que no piquen en tu nombre.
Y hay un teléfono que quiero que te apuntes:
📞 017 — la ayuda del INCIBE
Es gratuito y es del Gobierno. Abierto todos los días del año, de 8:00 a 23:00.
También por WhatsApp en el 900 116 117 o en Telegram, en @INCIBE017.
Al otro lado hay una persona que te va diciendo qué hacer, paso a paso, sin tecnicismos y sin juzgarte.
Apúntalo en la nevera. En serio.
Si hoy te llevas una sola frase, que sea esta: la prisa es la trampa. Cuando alguien te meta prisa con tu dinero, tú ve más despacio.
¿Y a ti? ¿Te ha llegado alguno de estos mensajes? ¿Cuál? Cuéntamelo en los comentarios, que a lo mejor con lo tuyo evitamos que pique otro.
Nos escuchamos en el próximo. A tu ritmo, siempre.


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